Llegué temprano de vacaciones, tarareando, hasta que las luces del hospital me envolvieron por completo. Mi hija yacía en la UCI, con las máquinas llamándola a gritos. “¿Qué te pasó, cariño?”, susurré, apretando su mano fría. Mientras tanto, mi yerno reía en un yate de lujo, con una copa en la mano. Bloqueé todas sus cuentas. Una hora después, me llamó gritando: “¡¿Qué has hecho?!”. Y entonces me di cuenta… esto era solo el principio.
Llegué temprano de vacaciones, tarareando, hasta que el penetrante olor a desinfectante y la intensa luz de las luces del hospital me envolvieron por completo. […]